jueves, 24 de abril de 2014

“Brothers in Arms”, por Dire Straits

Carátula del álbum
Álbum: Brothers in Arms


Estas montañas cubiertas de niebla
son ahora un hogar para mí.
Pero mi lugar está en las Tierras Bajas*
y lo estará por siempre.
Algún día regresaréis a
vuestros valles y vuestras granjas,
y no anhelaréis de nuevo ser
hermanos de armada.

A través de estos campos de destrucción,
bautismos de fuego,
he sido testigo de vuestro sufrimiento
al desencadenarse el bramido de la batalla.
Y pese a que me hirieron de gravedad,
pese al temor y a la ansiedad,
no me abandonasteis,
mis hermanos de armada.

Hay muchos mundos diferentes.
Muchos soles diferentes.
Y aunque tenemos uno único,
vivimos en mundos dispares.

Ahora el Sol se ha ido al infierno y
la luna medra.
Dejad que me despida de vosotros;
todo hombre tiene que morir.
Pero está escrito en las estrellas
y en cada línea de las palmas de vuestras manos:
no somos más que estúpidos por luchar
contra nuestros hermanos de armada.


* «Tierras Bajas»: denominación afectuosa de la parte meridional de Escocia.





  Me anduvo reteniendo un dilema varias semanas: todas las canciones añadidas hasta ahora promovían el lirismo, la poética que de algún modo u otro contienen las canciones. Es cierto que Mark Knopfler, tanto en Dire Straits como en solitario, no ha brillado en su lirismo. Pero si permití abrir la sección a Bob Dylan, pese a las traducciones y el cambio de enfoque que conllevaría, ¿por qué no extenderlo a Knopfler?
  Sus letras no serán un vergel de literariedad, de acuerdo, pero todas tienen esa esencia que, se me permita la comparación, recuerda tanto a las directrices de Dylan: léase (cáptese, aprehéndase, interprétese) una letra cualquiera de Knopfler. Todas respiran el humo de un cigarro encendido; la conversación frente a frente; el ambiente cargado; la calada expulsada; la mesa de bar. Letras directas. Letras llanas. Composiciones bien separadas de poemas.
  No busco con estas letras que se exalte la lírica de Dire Straits. Pero, demonios, ténganse en cuenta y escúchense esas obras de arte cuanto antes.

RGV.

martes, 8 de abril de 2014

“Blowin’ in the wind”, por Bob Dylan

Carátula del álbum
Álbum: The Freewheelin’ Bob Dylan


¿Cuántos caminos tiene que recorrer un hombre
antes de que le llaméis “hombre”?
Sí, y ¿cuántos mares tiene
 que surcar una paloma blanca
antes de dormir en la arena?
Sí, y ¿cuántas veces
tienen que volar las balas de cañón
antes de que las prohíban para siempre?
La respuesta, amigo,
está soplando en el viento.
La respuesta está soplando en el viento.

¿Cuántas veces tiene
que mirar hacia arriba un hombre
antes de poder ver el cielo?
Sí, y ¿cuántos oídos tiene el hombre que
tener para que pueda oír cómo llora la gente?
Sí, y ¿cuántas muertes se tomarán
hasta que se descubra
que ya ha muerto demasiada gente?
La respuesta, amigo,
está soplando en el viento.
La respuesta está soplando en el viento.

¿Cuántos años puede existir una montaña
antes de ser bañada por el mar?
Sí, y ¿cuántos años pueden existir algunos
antes de que se les permita la libertad?
Sí, y ¿cuántas veces puede un hombre
girar la cabeza,
fingiendo que simplemente no lo ve?
La respuesta, amigo,
está soplando en el viento.
La respuesta está soplando en el viento.






  Se abrió por fin la veda de Bob Dylan con Hurricane y ahora quién sabe si podrá cerrarse. De momento continúo con una canción de 1963, de su segundo álbum, y que se ha convertido en uno de los clásicos. ¡Habiéndola compuesto con poco más de veinte años!

RGV.

lunes, 24 de marzo de 2014

“Hurricane”, por Bob Dylan

Carátula del álbum
Álbum: Desire


Resuenan disparos de noche en el bar.
Llega Patty Valentine desde el piso superior.
Ve al camarero sobre un charco de sangre,
grita: «¡Dios mío, los han matado a todos!».
Esta es la historia del Huracán,
el hombre a quien las autoridades inculparon
por algo que nunca hizo.
Lo metieron en prisión,
pero podría haber sido
el campeón del mundo.

Tres cuerpos allí tirados ve Patty,
y a otro hombre llamado Bello
rondando misteriosamente.
«No he sido yo», dice,
y levanta las manos.
«Sólo estaba robando la caja,
espero que me creas.
Los vi huir», dice deteniéndose.
«Será mejor que alguno de nosotros llame a la pasma».
De modo que Patty llama a la pasma
y aparecen en escena
con las sirenas rojas refulgiendo
en la cálida noche de Nueva Jersey.

Lejos, mientras tanto,
en otra parte de la ciudad
Rubin Carter y un par de amigos
van conduciendo por allí.
El contendiente favorito
para la corona de los pesos medios
no tenía ni idea de la clase de mierda
que estaba a punto de caerle.
Entonces un poli lo empujó
a la cuneta
como la vez anterior, y la vez anterior a esa.
Así son las cosas en Paterson:
si eres negro, será mejor que no
salgas a la calle
a menos que quieras caldear el ambiente.

Alfred Bello tenía un socio y este tenía
un chivatazo para la pasma.
Él y Arthur Dexter Bradley
sólo habían salido a merodear.
Dijo: «Vi dos tíos huyendo,
parecían pesos medios.
Se metieron en un coche blanco
con matricula de fuera del estado».
Y la srta. Patty Valentine asintió sin más.
El poli dijo: «Un momento, muchachos,
este no está muerto».
Así que lo llevaron al ambulatorio
y aunque el tipo apenas veía
ellos le pidieron que identificase a los culpables.

Las cuatro de la mañana y llevan a Rubin a rastras.
Lo meten en el hospital
y suben escaleras arriba.
El tipo herido le dirige la mirada
de su ojo moribundo.
Dice: «¿Por qué lo traen aquí?
¡Este no es el tío!».
Sí, esta es la historia del Huracán,
el hombre a quien las autoridades inculparon
por algo que nunca hizo.
Lo metieron en prisión,
pero podría haber sido
el campeón del mundo.

Cuatro meses después
los guetos están incendiados;
Rubin en Sudamérica,
luchando por su nombre,
mientras Arthur Dexter Bradley
anda todavía metido en el robo
y la pasma le mete presión,
buscando alguien a quien culpar.
«¿Recuerdas el asesinato del bar?».
«¿Recuerdas que dijiste que viste
el coche huyendo?».
«¿Te crees que puedes
jugar al balón con la Ley?».
«¿Pudo ser el boxeador a quien viste
corriendo aquella noche?».
«No olvides que eres blanco».

Dijo Arthur Dexter Bradley:
«No estoy del todo seguro».
Los policías le dijeron: «a un chaval pobre
como tú le vendría bien una oportunidad.
Te tenemos para el trabajo del motel
y estamos hablando con tu amigo Bello.
¿No querrás volver a la cárcel?
Sé buen chico.
Harás un favor a la sociedad.
El hijoputa es valiente y se encabrita.
Queremos meter su culo en esto.
Queremos meterle este triple asesinato a él.
Él no es “Gentleman” Jim».


Rubin podía dejar fuera de combate
a un tío de un golpe,
pero nunca le gustó hablar de ello.
«Es mi trabajo», decía, «lo hago porque me pagan
y cuando acaba me marcho camino
a un paraíso
donde fluye la corriente con las truchas
y el aire es estupendo
y monto a caballo por el campo».
Pero entonces lo llevaron a prisión,
donde intentaron convertir un hombre
en un ratón.

Todas las cartas de Rubin fueron marcadas
de antemano.
El juicio fue un espectáculo de cerdos.
Nunca tuvo oportunidad.
El juez hizo parecer a los testigos de Rubin
simples borrachos de poca monta.
Para la gente blanca que asistía
era un holgazán revolucionario,
y para los de color era
sólo un negrata pirado.
Nadie dudó de que él había apretado el gatillo.
Y aunque no pudieron presentar la pistola,
el fiscal dijo que era culpable
y todos los blancos del jurado estuvieron de acuerdo.


Rubin Carter fue falsamente acusado.
El crimen fue asesinato “de primer grado”,
¿adivinan quién testificó?
Bello y Bradley, y los dos mintieron con descaro,
y los periódicos siguieron todos
la corriente.
¿Cómo puede la vida de un hombre como ese
estar en la palma de algunos imbéciles?
Al verlo tan evidentemente amañado
no puedo evitar avergonzarme
de vivir en un lugar
donde la justicia es un juego.

Ahora todos los criminales,
con sus trajes y corbatas,
son libres para beber martinis
y ver el amanecer.
Mientras, Rubin se sienta como Buda
en una celda de diez pies.
Un hombre inocente en un infierno.
Esta es la historia del Huracán,
pero no terminará hasta que limpien su nombre
y le devuelvan el tiempo que le han quitado.
Lo metieron en prisión,
pero podría haber sido
el campeón del mundo.



  Nota: ocurrió lo que temía. Hurricane es la canción más difícil de encontrar en Youtube, con diferencia, de todas las que he buscado. Una durísima política de reclamaciones de derechos por parte de la discográfica que los tiene hace imposible la labor. El vídeo que acompañaba a esta letra fue denunciado, igual que lo habían sido la mayoría de los que conocí subidos e igual que lo serán los siguientes. Desgraciadamente tengo que dejar la entrada sin vídeo.

  Llevaba mucho tiempo con sentimientos encontrados acerca de publicar a Dylan. Por un lado están, imponentes, las letras que lo han llevado incluso a ser candidato al Nobel (un despropósito en mi opinión, de todas formas). Pero por otro contienden las fronteras del idioma: qué diferencia tan grande entre la escritura que sabemos nuestra a la foránea.
   Finalmente tenía que romperse la cuerda, que ya era un hilo, y nacer esta entrada. Incluso pasada por manos de un nefasto traductor como pueda serlo quien firma, que no ha querido otra cosa que mantener la esencia estética de los versos por encima de su significado (¿acaso no debe ser ese el trabajo de toda traducción?), la letra muestra la gran poética urbana propia del autor. Las frases justas, ni una más, formando sin embargo un conjunto de gran retórica y con algunos individuos dignos de cualquier poeta de lo cotidiano.
  La canción por la que he querido comenzar es, no temo al decirlo, mi preferida de Bob Dylan. Mi gran tapada. Habla de la historia de Huracán Carter, boxeador negro que fue injustamente inculpado (por movimientos de corte racista) de asesinato y encarcelado, lo que cercenó su carrera pugilística. No debe olvidarse que esta canción sirvió fue abanderada por la campaña de protesta que pidió la inocencia de Carter y que finalmente demostró el racismo que lo había llevado a la cárcel. Una simple canción fue el empujón que sirvió a tanta gente para conseguir justicia.

RGV.

sábado, 1 de febrero de 2014

“Doble vida”, por Joaquín Sabina

Carátula del álbum
Álbum: Diario de un peatón


El juez justo y severo
cada noche devuelve la toga
y la ley al baúl,
y, en la barra del Ángel Azul,
con un chivas con hielo,
se desfoga
sobando a la Chelo,
al compás
de un ‘play-back’
de Quintero,
León y Quiroga.

El juez justo y severo,
al ritmo pegajoso de un bolero
en la ciudad prohibida,
olvida su disfraz de caballero...
lleva una doble vida.

Su discreta señora
cada lunes alterno decora
la frente del juez
en un dúplex de Alberto Alcocer
con un Rambo de esos
que amortizan por horas los besos
y saben hacer
que una dama cometa un exceso.

Su discreta señora,
furtiva, repintada y pecadora,
en la ciudad prohibida,
se empolva la nariz hasta la aurora...
lleva una doble vida.

Hoy, por falta de pruebas, la corte absolvió
—confirma el ABC—,
al que blanqueaba
en el Ángel Azul
las sábanas del juez,
al que financió
el visón
que se quita doña Inés:
«date prisa, Tarzán,
que la sangre me arde
y no puedo llegar tarde
a la...

cena de matrimonios».
Doña Inés dice:
«¿Quieres, Antonio,
servir champán
en el living?».
«Hoy voy a brindar
—tercia su Señoría—,
por aquel violador de Entrevías,
¿te acuerdas, mi amor?
Le han caído
veinte años y un día».

El santo matrimonio
que venden doña Inés y don Antonio,
en la ciudad prohibida,
pone una vela a dios y otra al demonio,
¡lleva una doble vida!




  Doble vida es una canción que me ha traído, irónicamente, sentimientos opuestos. Lo explico en el comentario a la canción, así que usaré este párrafo anexo con otro derrotero.
  Gracias a un buen compañero sabinero, paisano y amigo, Mauro, pude acceder a la letra original, carácter por carácter, incluida en una imagen del libro de Joaquín Sabina Con buena letra. La he mantenido en la medida de lo posible, y aunque en las puntuaciones y los ritmos estoy satisfecho de haber acertado por completo con la original (yo escribí mi versión antes de ver otras, como siempre), no puedo evitar la mayúscula de “Chelo”, cambiar la escritura de “play-back” y algunos otros cambios (sí he volcado tal cual la minúscula de “dios”, siempre simpática).

RGV.

jueves, 9 de enero de 2014

“Menos dos alas”, por Joaquín Sabina

Carátula del álbum
Álbum: Vinagre y rosas


González era un ángel menos dos alas.
González era un santo por lo civil.
Un dandy con un ojo a la funerala.
Tan rojo, tan Oviedo y tan zascandil.

Hilaba en los garitos de mala nota
boleros de Machín con Juanín de Mieres,
apurando esos güisquis en los que flota
la luna de las golfas y los crupieres.

Cuando volvía
del extranjero,
tan forastero,
a las dos no era de día,
a las seis ya era de noche.
“Pídame un coche,
fumando espero”.
Y le aplaudían los camareros.

Otoños y otras luces, pan con verbena.
Su Príncipe de Gales tan Cortefiel.
Tratado de urbanismo, Juan de Mairena.
Chicana, magdalena, tinta y papel.

Verde por la vergüenza que no tenía,
hasta ayudó a Caronte a quemar sus naves.
Decía que morirse no era tan grave
y agonizó en voz baja por cortesía.

Cuando volvía
del extranjero,
tan forastero,
a las dos no era de día,
a las seis ya era de noche.
“¡Viva el derroche!
¡Muera el dinero!”.
Y le aplaudían los camareros.







  Ángel González, poeta asturiano denominado “del compromiso”, era íntimo amigo de Joaquín Sabina. Por ello en Vinagre y rosas, publicado al año siguiente a la muerte del mismo, Benjamín Prado y Sabina le rindieron homenaje con la letra de este bolero. Lo presentaron prematuro (antes de que el álbum se publicase) en el programa “Hoy por hoy” el propio Sabina y Luis García Montero en lo que ellos denominaron “una charla entre tres amigos”, manteniendo presente al difunto con sus versos.

RGV.

lunes, 18 de noviembre de 2013

“Vámonos pa'l sur”, por Joaquín Sabina

Carátula del álbum
Álbum: Dímelo en la calle


Cansado de los besos que no me dabas,
lívido por exceso de sangre fría
desanudé los nudos que amordazaban
la boca del embudo de la alegría.

¿Por qué invertir en latas de sopa boba?
Es como barnizar el propio ataúd.
«Te hubiera dado más de lo que me robas»,
le dije al norte cuando me fui pa'l sur

con dos o tres metáforas en la nuca
y una gota de plomo en el lacrimal.
Mi dueto del cuá-cuá con el pato Lucas
rodó por los baretos de la ciudad.

¿Qué queréis? Aprendí a malvivir del cuento.
Pintando autorretratos al portador.
Si faltan emociones me las invento;
la madrugada no tiene corazón.

No tiene corazón. No tiene corazón.
¡Vámonos, vámonos!
No tiene corazón.
¡Vámonos pa'l sur!

La salsa de tomate de las heridas
se corta con un chute de vanidad.
Los pájaros no saben de despedidas
ni dejan prisioneros cuando se van.

La cresta de los gallos sin gallinero
pa'l caldo del puchero del día después.
Ayer no me querías, hoy no te quiero,
mañana no tendremos a quién querer.

Con dos o tres carámbanos en las tripas
y un billete de ida a ningún lugar,
mi jeta, mi bombín y mi buena pipa
me abrieron las ventanas del más acá.

No os paséis con la ley. «Dímelo en la calle»,
le dijo qué se yo a ciudadano quién.
A falta de sustancia sobran detalles.
De la estación de Francia ya sale el tren.

¿Qué queréis? Aprendí a malvivir del cuento.
Pintando autorretratos al portador.
Si faltan emociones me las invento;
la madrugada no tiene corazón.

No tiene corazón. No tiene corazón.
¡Vámonos, vámonos!
No tiene corazón.
¡Vámonos pa'l sur!




  Siempre dándole una interpretación propia sin ayuda de libretos ni portales de Internet, esta canción completamente genuina, de las que más talento derrochan entre todas las que Joaquín ha compuesto tras el ictus, me ha puesto delante más de un problema. Y, aunque terco en los versos más subjetivamente obvios, he tenido que rectificar varias veces mi perspectiva en algunas frases. Aun así veo que no coincido con Internet (siempre a posteriori). Pero ¿qué importa eso?
  Lo dicho: no os paséis con la ley.

RGV.

lunes, 14 de octubre de 2013

“Donde habita el olvido”, por Joaquín Sabina

Carátula del álbum
Álbum: 19 días y 500 noches

Cuando se despertó
no recordaba nada
de la noche anterior.
«Demasiadas cervezas»,
dijo al ver mi cabeza
al lado de la suya
en la almohada
y la besé otra vez,
pero ya no era ayer
sino mañana.
Y un insolente sol
como un ladrón entró
por la ventana.

El día que llegó
tenía ojeras malvas
y barro en el tacón.
Desnudos pero extraños
nos vio roto el engaño
de la noche,
la cruda luz del alba;
era la hora de huir,
y se fue sin decir
«llámame un día».
Desde el balcón la vi
perderse en el trajín
de la Gran Vía.

Y la vida siguió,
como siguen las cosas
que no tienen mucho sentido.
Una vez me contó
un amigo común que la vio
donde habita el olvido.

La pupila archivó
un semáforo rojo,
una mochila, un peugeot
y aquellos ojos miopes,
y la sangre al galope
por mis venas,
y una nube de arena
dentro del corazón,
y esta racha de amor
sin apetito.
Los besos que perdí
por no saber decir
«te necesito».

Y la vida siguió,
como siguen las cosas
que no tienen mucho sentido.
Una vez me contó
un amigo común que la vio
donde habita el olvido.

  Gracias a la letra, como siempre, pero en este caso sobre todo al ambiente que generan ritmo y tono, para mí esta es una de las mejores canciones de Sabina, por ser precisamente una de las más maduras, duras, crudas,... como quieran llamarlo mientras nos entendamos.

RGV

sábado, 21 de septiembre de 2013

“Morder el polvo”, por Manolo García

Carátula del álbum
Álbum: Saldremos a la lluvia

Ya el verano abandona sus hojas
y el fino cordón por donde baja mi pálpito de hiedra,
haciendo filigranas, dibujan fortalezas de frontera.
¡No pasarán! No han de pasar
la grisura ni el vacío inmensurable
que sucede al aviso de unos ojos diciendo «adiós.
Adiós, ahora sí, esta vez sí, para siempre adiós».

Y el valor consistiría en hacer astillas
el endeble andamiaje de errores cometidos
de admitir que simplemente hemos vivido;
eso sí, bajo el peso de nuestra propia Ley de Gravedad:
arriba, siempre arriba, sin pensar en la caída.

A nadie le gusta morder el polvo.
A nadie le gusta besar el polvo.
Y es que a nadie le gusta, a nadie...

Ya el verano sombrea sus hojas
y el fino pesar donde se rasga mi pálpito de ausencias,
haciendo filigranas, compone y remendando regenera.
¡No pasará! No ha de pasar
que un azar disfrazado arme barreras.
No quiero otros ojos que me miren diciendo «adiós.
Adiós, ahora sí, esta vez sí, para siempre adiós».
Sólo candorosa esperanza de un austero viajar,
un recomponer los pedazos, un digno renquear.

Ahora prueba a no juzgar
y perder el miedo a las derrotas,
porque el mar, los océanos,
igual que acunan pueden engullir.
Y aun así todos buscamos luminoso amanecer,
propicio viento. Adentro, mar adentro
mientras quede un solo remo.

  Me muerde un dilema sobre Morder el polvo, y es que, pareciéndome preciosa y absolutamente genial la primera estrofa, tanto en letra como en el ritmo que la compaña, no consigo sin ayuda de terceros darle concordancia. Sólo aseguraría sin acudir a la letra oficial que Manolo pronuncia “dibujan”, al contrario que se empeñan en extender por Internet.

RGV. 

lunes, 16 de septiembre de 2013

“Barbi Superstar”, por Joaquín Sabina

Carátula del álbum
Álbum: 19 días y 500 noches


Tenía los pies diminutos
y unos ojos color verde marihuana.
A los catorce fue la reina del instituto,
el curso que repetí.
Las del octavo derecha comentaron:
«otra que sale rana»,
cuando en Crónicas Marcianas
la vieron haciendo strip-tease.

En sus quimeras de porcelanosa
conquistaba a Al Pacino.
Los del Atleti no éramos gran cosa
para su merced.
Si la chiquita de Mariquita Pérez
tuviera un buen padrino,
los productores que saben de mujeres
le darían un papel.

Pezón de fresa, lengua de caramelo,
corazón de bromuro.
Supervedette, pata de lujo, modelo,
estrella de culebrón.
Había futuro en las pupilas hambrientas
de los hombres maduros;
enamorarse un poco más de la cuenta
era una mala inversión.

Debutó de fulana de tal
en un vil melodrama.
Con sus veinte minutos de fama
retiró a su mamá.
El guion le exigía 
cada vez más escenas de cama.
Por Vallecas todavía
la llaman “Barbi Superstar”.

La noche antes de la noche de bodas
arrojó la toalla.
El novio, con un frac pasado de moda,
enviudó ante el altar,
mientras Barbi levitaba en la Harley
de un chulo de playa
que, entre el Tarot, Corto Maltés y Bob Marley,
le propuso abortar.

Al infierno se va por atajos,
jeringas, recetas.
Ayer, hecha un pingajo
me dijo, en el “tigre” de un bar:
«¿Dónde está la canción que me hiciste
cuando eras poeta?»
«Terminaba tan triste
que nunca la pude empezar».

Por esos labios que sabían a puchero
de pensiones inmundas
habría matado yo, que cuando me muero
ya nunca es por amor.
Se masticaba en los billares
que el Atleti había bajado a segunda.
Por la M-30 derrapaba el caballo
de la desilusión.

Debutó de fulana de tal
en un vil melodrama.
Con sus veinte minutos de fama
retiró a su mamá.
El guion le exigía 
cada vez más escenas de cama.
Por Vallecas ya nadie
la llama “Barbi Superstar”.



   Esta entrada, así como su enlace con la canción Princesa y el comentario de ambas, me vinieron a la cabeza gracias a mi compañero de criterio y paisano Mauro, pues este es uno de los mejores ejemplos del Sabina crápula que él define (de forma fenomenal) en La canción más hermosa del mundo. Que la disfruten todos, él especialmente.

“Princesa”, por Joaquín Sabina

Carátula del álbum
Álbum: Juez y parte


Entre la cirrosis
y la sobredosis
andas siempre, Muñeca.

Con tu sucia camisa
y, en lugar de sonrisa,
una especie de mueca.

¿Cómo no imaginarte?
¿Cómo no recordarte
hace apenas dos años?

Cuando eras la princesa
de la boca de fresa,
cuando tenías aún esa
forma de hacerme daño.

Ahora es demasiado tarde, Princesa.
Búscate otro perro que te ladre, Princesa.

Maldito sea el gurú
que levantó entre tú
y yo un silencio oscuro,

del que ya sólo sales
para decirme «vale,
dame cuarenta duros».

Ya no te tengo miedo,
Reina, pero no puedo
seguirte en tu viaje.

¿Cuántas veces hubiera
dado la vida entera
por que tú me pidieras
llevarte el equipaje?

Ahora es demasiado tarde, Princesa.
Búscate otro perro que te ladre, Princesa.

Tú que sembraste en todas
las islas de moda
las flores de tu gracia,

¿cómo no ibas a verte
envuelta en una muerte
con asalto a farmacia?

¿Con qué ley condenarte
si somos juez y parte
todos de tus andanzas?

Sigue con tus movidas, nena,
pero no pidas
que me pase la vida
pagándote fianzas.

Ahora es demasiado tarde, Princesa.
Búscate otro pero que te ladre, Princesa.
¿No ves que ahora es demasiado tarde, Princesa?
Búscate otro perro que te ladre, Princesa.

Mira, ahora es demasiado tarde, Princesa.


   Esta canción la publicó Joaquín en el año 1985, en la primigenia versión que puede escucharse en el vídeo. Con el tiempo y la infamia, la mejoró sobremanera. Hablo de ello en el comentario a “Barbi Superstar” y “Princesa”.

RGV.

domingo, 8 de septiembre de 2013

“Los errantes”, por Manolo García

Carátula del álbum
Álbum: Los días intactos


Soy mi esclavo interior,
que restaña las heridas mordiéndose los puños.
Soy un extraño anterior,
volatinero que desata falsos firmamentos.

Pero hoy,
que este fuego incontrolado arrasa el pensamiento,
hoy que soy prisionero en mis deseos,
queda lejos mi antiguo culto estoico.

Habrá lugar para los errantes.
Habrá tiempo de errar.
Hoy pienso en la canción del emigrante,
la del turista residual.

Ahora que el bombeo de la sangre
descorazona extrañamente,
hoy pienso en la canción del emigrante,
en gente atrapada que lucha en su destierro,
en la gente corriente...

Una ciudad llena de gente pasmada,
ese sería hoy yo pidiendo ayuda.
Pidiendo ayuda, mano tendida.
Buscando plenitud, ese animal esquivo.

Un rudimentario destino
de hueso y luz anaranjada, ese sería.
Un lanzador espacial necesitado,
que abrazaderas y raigambre, yo sería hoy.

Y es que hoy,
que un descontrolado fuego arrasa el pensamiento,
hoy que soy prisionero y te deseo,
aún queda lejos mi antiguo culto estoico.

Habrá lugar para los errantes.
Habrá tiempo de errar.
Hoy pienso en la canción del emigrante,
la del viajero emocional.

Ahora que varado y diletante
la tablazón se va combando,
hoy pienso en la canción del emigrante,
en gente indignada en busca de portentos,
en la gente corriente...

Y no se trata de amor o desencuentros,
nada de años perdidos.
Ni tan siquiera añorar ese fulgor
inherente a las vidas.
Hoy sólo quiero ganar la mano
a la impaciencia,
y a la desidia que atrae
la mueca desolada.


   Con la publicación de Los días intactos, Manolo García ahondó en temas sociales para criticarlos con la elegancia que atesora y que no podía faltar en esta denuncia contra el racismo y la pérdida de valor que tienen tantas vidas humanas por culpa de países y fronteras. Que no hay más que salir a las calles transitadas o acercarse a los mercados para ver con qué descaro se desprecia a una persona por el simple atributo de ser inmigrante o de color.

RGV.

domingo, 1 de septiembre de 2013

“19 días y 500 noches”, por Joaquín Sabina

Carátula del álbum
Álbum: 19 días y 500 noches

Lo nuestro duró
lo que duran dos peces de hielo
en un “whisky on the rocks”.

En vez de fingir
o estrellarme una copa de celos,
le dio por reír.

De pronto me vi
como un perro de nadie
ladrando a las puertas del cielo.

Me dejó un neceser con agravios,
la miel en los labios
y escarcha en el pelo.

Tenían razón mis amantes
en eso de que antes
el malo era yo;

con una excepción: esta vez
yo quería quererla querer,
y ella no.

Así que se fue. 
Me dejó el corazón en los huesos
y yo, de rodillas.

Desde el taxi y haciendo un exceso
me tiró dos besos,
uno por mejilla.

Y regresé
a la maldición
del cajón sin su ropa,
a la perdición
de los bares de copas,
a las cenicientas
de saldo y esquina.
Y, por esas ventas
del fino “La Ina”,
pagando las cuentas
de gente sin alma
que pierde la calma
con la cocaína.
Volviéndome loco,
derrochando la bolsa y la vida
la fui, poco a poco,
dando por perdida.

Y es que yo,
para no agobiar
con flores a María;
para no asediarla
con mi antología
de sábanas frías
y alcobas vacías;
para no comprarla
con bisutería,
ni ser el fantoche
que va, en romería,
con la cofradía
del Santo Reproche,
tanto la quería,
que tardé en aprender 
a olvidarla
diecinueve días
y quinientas noches.

Dijo “hola y adiós”,
y el portazo sonó
como un signo de interrogación.

Sospecho que así
se vengaba, a través del olvido,
Cupido de mí.

No pido perdón;
¿para qué? Si me va a perdonar
porque ya no le importa...

Siempre tuvo la frente muy alta,
la lengua muy larga
y la falda muy corta.

Me abandonó
como se abandonan
los zapatos viejos.
Destrozó el cristal
de mis gafas de lejos.
Sacó del espejo
su vivo retrato
y fui tan torero
por los callejones
del juego y el vino
que, ayer, el portero
me echó del casino
de Torrelodones.
¡Qué pena tan grande!
Negaría el Santo Sacramento
en el mismo momento
que ella me lo mande.



   Parece fácil y agarrado al tópico acudir a “19 días y 500 noches” para referenciar a Sabina, siendo uno de sus tantos cúlmenes, pero ¿qué mejor canción para de verdad ofrecer la esencia de su música?
  El propio Joaquín reconoce una ocasión tras otra que considera este álbum su cénit. En una entrevista grandiosa que le hace Juan José Millás para su programa, recuerda Sabina con terror (y anhelo) que incubarlo estuvo muy cerca de costarle la vida, pues precisamente a base de cocaína y otros demonios pudo aguantar noche tras noche en el estudio durante un mes vertiginoso. “Parece que mereció la pena”, acierta Millás a decir cuando Joaquín Sabina le confiesa que, aun concienzudamente y con criterio, echa de menos aquella vida suya junto a las drogas. No le falta razón.

RGV.

sábado, 24 de agosto de 2013

“Concierto para piano nº 1”, de Tchaikovsky

Retrato de Tchaikovsky


   Pyotr Ilyich Tchaikovsky deslumbra tanto en los tonos poderosos como en los dulces. Claro ejemplo de los primeros es la Marcha Eslava (mi obra preferida), y piezas como El cascanueces o El lago de los cisnes argumentan los segundos.
   En Concierto para piano nº 1, Tchaikovsky hace converger ambas virtudes en el piano.

  Compuesta entre 1874 y 1875, la obra ve la luz dedicada por Tchaikovsky a su amigo compositor Hans von Bülow, quien fue el primer encargado de interpretarla al piano.




RGV.

jueves, 8 de agosto de 2013

“La canción más hermosa del mundo”, por Joaquín Sabina

Carátula del álbum
Álbum: dímelo en la calle

Yo tenía un botón sin ojal, un gusano de seda,
medio par de zapatos de 'clown' y un alma en almoneda,
una hispano Olivetti con caries, un tren con retraso,
un carné del Atleti, una cara de culo de vaso,

un colegio de pago, un compás, una mesa camilla,
una nuez, o bocado de Adán menos una costilla,
una bici diabética, un cúmulo, un cirro, una 'strato',
un camello del rey Baltasar, una gata sin gato.

Mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy (las damas primero).
Mi Cantinflas, mi Bola de Nieve, mis tres mosqueteros,
mi Tintín, mi yoyó, mi azulete, mi siete de copas,
el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa.

Mi escondite, mi clave de sol, mi reloj de pulsera.
Una lámpara de Alí Babá dentro de una chistera.
No sabía que la primavera duraba un segundo;
yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.
Yo quería escribir la canción...

Les presento a mi abuelo bastardo, a mi esposa soltera,
al padrino que me apadrinó en la legión extranjera.
A mi hermano gemelo, patrón de la merca ambulante;
a Simbad “el Marino”, que tuvo un sobrino cantante.

Al putón de mi prima Carlota y su perro salchicha,
a mi chupa de cota de mallas contra la desdicha.
Mariposa que cazan en sueños los niños con granos
cuando sueñan que abrazan a Venus de Milo sin manos.

Me libré de los tontos por ciento del cuento del bisnes
dando clases en una academia de canto de cisnes.
Con Simón de Cirene hice un tour por el monte Calvario.
¿Qué harías tú si Adelita se fuera con un comisario?

Frente al Cabo de Poca Esperanza arrié mi bandera.
Si me pierdo de vista, esperadme en la lista de espera.
Heredé una botella de ron de un 'clochard' moribundo.
Olvidé la lección a la vuelta de un coma profundo.

Nunca pude cantar de un tirón
la canción de las babas del mar, del relámpago en vena,
de las lágrimas para llorar cuando valga la pena,
de la página encinta en el viente de un bloc trotamundos
de la gota de tinta en el himno de los iracundos.

Yo quería escribir la canción más hermosa el mundo.





  Joaquín Sabina ha incluido en su discografía varias versiones de “La canción más hermosa del mundo”, entre las cuales, para mí, domina la del álbum “Dímelo en la calle”, donde Olga Román pinta dulces y tenuísimos coros en las estrofas a dos voces.

RGV.

“En el batir de los mares”, por Manolo García

Carátula del álbum
Álbum: Saldremos a la lluvia

De mis dedos dormidos
a tu olvido plateado de hojas,
con manos de tacto griego,
en murmullo de besos ciegos.

Y quiere un dios —¡qué invento!—
que pretenda que vuelves
en cada nuevo encuentro
con la vida que avanza.

Y así es que tú existes
en la parafernalia de los días.
Y así es que tú existes:

En el batir de los mares,
sobre espumadas rocas.
En el chasquear de lenguas
que paladean vinos y tientan bocas.
En el bramido de mares,
sobre espumadas rocas.
En el deslenguar de lenguas
que paladean versos y encajan bocas.

De mis manos heridas
a ti, chiquilla, pan de acero espolvoreado,
chispa de vida rara,
que prendes mi antiguo anhelo.

Me muestro mi dios más nuevo,
perseverante y ajeno
en cada nuevo encuentro,
con la vida que no espera.

Y así es que tú existes
en la incertidumbre de algunos días.
Y así es que tú existes, y así:

En el bramido de mares
sobre espumadas rocas.
En el chasquear de lenguas
que paladean vinos y tientan bocas.
En el batir de los mares,
sobre espumadas rocas
que de ti me cuentan:
“déjala así, feliz viajera liberada”.

Reflejo en su espejo de océanos,
sin puerto al que adeudar y sin enseña,
sobre soleadas rocas.

Y así te dejo:
tierna de amores,
rientes ojos.
A un horizonte en llamas
de fuegos fatuos
en mundos rotos,
que ni tú sabes 
por qué en ti prenden.

Así te sueño:
de aguamarina envuelta
de entrechocar de piedras.
Así te sueño:
de aquel chasquido eléctrico
de tus maneras.

Así me dejas.
Así te sueño.
Así me sientes.
Así te encuentro.

  Ante la pregunta de una admiradora sobre el origen de esta canción en un coloquio sobre poesía en la Universidad de Valencia, Manolo respondió que para escribir la pieza, principalmente el estribillo, necesitó sólo dos o tres cervezas de más. La imagen sugerente que une en un solo escenario mares, rocas, lenguas y bocas es genuina, y más aún acompañada con el ritmo de su música.

RGV. 

sábado, 20 de abril de 2013

“Creyente bajo torres de alta tensión”, por Manolo García

Carátula del álbum
Álbum: Los días intactos

He vuelto sin ti al rincón olvidado
de una infinita campiña
 sin senderos ni cercados.
He vuelto a esa nada
poblada de calles
 vacías de gente.

Como en un sueño, de todo ausente, 
alejado y creyente, de estampas creyente.
Creyente en ejido anegado de alhelíes;
de pájaros bobos; de poetas rotos
sobre las arterias; 
de asfalto que  contigo arreciaron,
hacia los confines vírgenes remotos;
de cielos prometidos, falsos, 
que son llanto quedo de garzas en vuelo.

Creyente sobre torre de marfil.
Creyente. Creyente...

He vuelto sin ti al edén soñado
de una infinita campiña
 sin senderos de cercados.
He vuelto a esa nada
vacía de calles
 pobladas de gente.

Como en un sueño, de todo ausente,
alejado y creyente, de ilíadas creyente.
Creyente en un campo anegado de pecados,
creyente en un pozo de petróleo en alta mar;
de pájaros bobos; de muñecas rotas
bajo luminarias;
de calles que contigo amanecí
hacia los confines de galaxias solitarias;
de cielos «3D» que salvan, 
que no se pronuncian o que al averno arrastran.

Creyente bajo torres de alta tensión.
Creyente en vuelo libre... sin motivo ni motor.




  La chica que acompaña en esta formidable canción a Manolo es Ivette Nadal, quizá la voz más bonita que he escuchado nunca...
  Los riffs de las estrofas son demasiado caídos y pesados para mi gusto, pero la armonía del estribillo me resulta preciosa, mucho más que preciosa. Por no hablar de la letra, bella en las líneas y pícara entre ellas.
  Como siempre: “ole”, Manolo.

RGV.

viernes, 5 de abril de 2013

“Para que no se duerman mis sentidos”, por Manolo García

Carátula del álbum
Álbum: Para que no se duerman mis sentidos

Háblame en la hora calma de la medianoche.
Háblame para que no se duerman mis sentidos, háblame.
Háblame de lejanas tierras donde el único dios sea el sol,
donde se vive al rumor de las hojas del sicómoro mecidas de brisa y calor.

Cuéntame fracasos, vida, rumbos de pintores locos.
Háblame de la calima de las noches
 cuando tu amante de amantes huyó.
De Cartago a las puertas de Roma,

o de la Sevilla mora.
De claveles, de revolución,
de las vueltas que da la tuerca,
de los amores que son prisión.

Va y viene mi alma de esponja.
Viene y va si tú me hablas,
si tú me cuentas cosas.
Barquera, monte montera.

Viene y va mi alma viajera,
linda zagala si me quisieras...
Va y viene linda barquera
si tú me miras de esa manera.

Háblame en la hora calma de la medianoche.
Háblame para que no se duerman mis sentidos, háblame.
Háblame de Cádiz fenicia
o de la Córdoba que abrigaba a su mezquita.

De Chagall o de los poetas andaluces del destierro.
De por qué claveles para una revolución.
De las vueltas que da la tuerca,
de los amores que son prisión.

Va y viene mi alma de esponja.
Viene y va si tú me hablas,
si tú me cuentas cosas.

Va y viene mi alma guerra.
Viene y va si tú me hablas,
si tú endulzas la espera.
Barquera, monte montera.

Va y viene mi alma viajera,
linda zagala si me quisieras...
Va y viene linda barquera,
si tú me miras de esa manera.

Barquera, monte montera.
Barquera, monte montera.



   Barquera, monte montera.

RGV.

lunes, 25 de marzo de 2013

“From the new world”, 9ª Sinfonía de Antonín Dvorak

Página autografiada de la obra.


   La Sinfonía n.º 9 en mi menor, “From the new world” o “Desde el nuevo mundo”, fue compuesta por Antonín Dvorak en 1893.
   Ante la propuesta recibida, Dvorak aceptó ser director del conservatorio de Nueva York entre 1892 y 1895, y fue allí donde, sorprendido por la música del Nuevo Continente (música afroamericana y nativa de América), compuso y bautizó la pieza. Por supuesto, esta contiene influencias evidentes de la música popular  estadounidense.

   La obra está dividida en cuatro movimientos:
   · Adagio.  
   · Largo.
   · Molto vivace.
   · Allego con fuoco.

   El último ha quedado, quizá, como más popular de ellos. Se ha usado en películas, anuncios de televisión y videojuegos.
 



RGV.